“La
vida está en el alambre, el resto está a la espera.”
Karl
Wallenda
Como Karl Wallenda, él 73, yo, 37
22 de marzo de 1978
yo había nacido ya
18 de enero de ese mismo año
que siempre me parece maravilloso
yo, ajenísima de él
él enajenado de la posibilidad siquiera de
que,
acabados de cumplir los 2 meses,
mientras él caía, yo lloraba
se balancea
en ese intersticio entre los mundos
ese puente aireado entre gigantes
ese deseo de cruzar
esa dependencia a la tensión
esa dependencia a la rectitud
la línea
Karl Wallenda y el viento
Karl Wallenda y la gente que tomó sus
infortunadas fotos últimas
Véanlas: él camina con cierta gracia que se
ve interrumpida
nefastas caricias del viento
él mordió algo parecido al destino
tensó la mandíbula para aguantarse por
dentro
vean ese espanto en su rostro
mientras agarraba su vara
y caía de espaldas
a esa realidad dura del suelo
Esa línea: siento la misma necesidad de
cruzarla
Karl Wallenda cayó y cuando corro
miro el suelo preguntándome
¿dónde habrá caído Wallenda?
A lo lejos el mar
El viento
¿será el mismo?
Su nieto, Nikolas, nació después que yo
un año y 6 días después: 22 de enero de
1979
Karl Wallenda había nacido el 21 de enero
de 1905
mi hijo Nicolás
se llama así por un cubano, en ese momento
no intuía
la importancia del linaje Wallenda
la sincronía de ese día: 22 de marzo de
1978
y este día, hoy: 3 de enero de 2016
un poco más de 37 años
(Cuando Karl Wallenda murió tenía un poco más de 73)
me veo balanceándome
arrullándome el viento
ese viento
el mismo
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Fotos @ Gary Williams/ El Nuevo Día |
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Fotos @ Gary Williams/ El Nuevo Día |
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Fotos @ Gary Williams/ El Nuevo Día |
2 comentarios:
superbe!
"tensó la mandíbula para aguantarse por dentro" Ay! Poderoso, tu poema. Gracias.
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