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Foto Leonor Jaume |
Un
espacio escénico en el que figuran péndulos, latones, un espacio delimitado por
papel de estraza, una falda que guinda graciosa en una esquina, un radio puesto
sobre la pared, y una mujer en cuclillas como si estuviera terminando parte de
la utilería: unos muñecos hechos en papel de estraza tirados en el suelo como
una montaña de algo que aún no se define. Nos recibe la mujer en plena faena,
los presentes conversamos y así de pronto vemos que somos parte de la pieza que
había empezado desde antes que entráramos a sentarnos. Una vez el público en
silencio, la mujer coloca los muñecos en unos asientos, conforman una audiencia
cautiva, pero que son también parte del escenario. La sensación de entrar in media res, nos lleva a esa idea de
empezar de cero, de algún modo hay que descifrar un acertijo que se tiende con
esos elementos intricados del escenario, la música como tela de fondo y como
parte central del espectáculo, y los movimientos de la coreógrafa y bailarina,
Alejandra Martorell.
Decero es una pieza de movimiento escénico, parte del Programa de Residencia de Artistas y Compañías
Alternativas, que se presentó en la Sala
Experimental Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de San Juan del 9 - 12 de abril. En este tipo de proyecto la recepción
es parte central de un contradiscurso que esquiva las estructuras y
concepciones lineales de la puesta en escena, supone hilvanar los movimientos y
enlazarlos con la atmósfera. Al inicio, con un carbón entre las piernas la
mujer traza en un círculo lo que en cierta medida supone la reescritura
partiendo de lo corpóreo. La artista va interviniendo con los elementos
disímiles de la escena, los cuales a través de la presencia misma de la
bailarina, de esa interrelación, adquieren un poder semántico poderoso. Martorell
en medio de su gesta deconstruye el espacio, destroza los límites del escenario
que crea el papel de estraza en el suelo y en él se sumerge de modo sugestivo.
Además, cambia de vestuario frente al público de modo continúo, hay una especie
de planteamiento de identidades, y así como los muñecos atentos, la propia bailarina
se sienta junto a ellos; en medio de los movimientos, ella también va asumiendo
papeles.
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Foto Leonor Jaume |
Igualmente la pieza traza un problema con el balance, con la
ineficiencia de las estructuras discursivas, privilegia la improvisación, lo
espontáneo del gesto, de la colaboración horizontal con los otros componentes
de la pieza: la escenografía e iluminación, diseñados por Juan Fernando Morales; la música de Eduardo Alegría; y la
codirección y arte gráfico de Ita Venegas Pérez.
Esa inmersión del
cuerpo y sus movimientos en unos contextos arquetípicos bifurcados: la luz roja
que impera sobre el escenario, los muñecos de papel, las botellas de vidrio que
se tapan con péndulos, el juego con las sombras y con la luz que se refleja de
espejos, y un caldero al que se vierten unos paños mojados en pintura rosa, todos
de algún modo nos elevan a lo mítico. Sentimos una cercanía con lo primigenio,
prelingüístico, de algún modo vemos el parto de un nuevo discurso que prescinde
de las estructuras mismas. Precisamente en los momentos en los cuales más se
desarrollan los movimientos, no hay sonido más allá del que realizan las
coyunturas al moverse, los pies en el suelo y la respiración. Esto crea una
intimidad y un espacio en el que somos los espectadores quienes generamos los
matices discursivos que le darán un sentido (lógico, direccional y emocional) a
la pieza que aun así nos comunica algo que precede nuestra experiencia.
El lenguaje del
cuerpo, de los mundos que nos rodean, y los problemas que suponen nuestras
relaciones con el entorno –el ser en medio de la experiencia– son los ejes
pendulares de la pieza que también nos ofrece ricas ilusiones visuales: el
cuerpo de la mujer que se sumerge en papeles y se forma una especia de masa, casi
anulando su corporeidad; el reflejo de la bailarina en el techo del escenario
que a contraluz parece bailar en una burbuja luminiscente; y el diálogo que
emerge entre los movimientos y los péndulos que nos sugieren una batalla fascinante
entre el cuerpo y los elementos.
Decero
nos lleva a lo que suponemos que es el sentido, lo semántico, y en una
danza nos lleva al juego –jouissance– y a ver el lenguaje del cuerpo como ejes
discursivos primigenios que deben atenderse en silencio.
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Publicado en Visión doble (http://www.visiondoble.net/2015/04/15/decero-un-discurso-desde-el-cuerpo-y-el-espacio/)
2 comentarios:
Hermoso Alexa, me remonto a mi niñez. A esos años de la inocencia que todavía pululan en mi memoria de más de medio siglo... Cuando conversaba con las muñecas e inventaba historias entre ellas y yo suponiendome adulta . Las regañaba y las ponia de castigo tal y como lo hacian conmigo. No lo hacia por maldad . Pasan historias de mi vida al leer este cuento y puedo intuir que dentro de cada adulto todavia existen esas niñas, que siempre estan ahi para recordarnos nuestra infancia... Te abrazo siempre. Doris Melo
Gracias, Doris, eres siempre tan generosa y amorosa conmigo, gracias
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